“Los comentarios son malos para la ciencia”.

Así, sin anestesia, comienza el post en el que Suzanne LaBarre, directora de contenidos de internet de la revista Popular Science, explica porqué una de las publicaciones científicas más antiguas del mundo (en la calle desde 1872), decidió prohibir los comentarios de los lectores en su página web.

“El problema – continúa LaBarre – es cuando los trolls y el spam saturan los artículos publicados (…) Tenemos lectores que publican comentarios muy interesantes pero una pequeña minoría tiene suficiente poder como para redirigir la opinión pública, sugiere una reciente investigación” (las negritas son mías). Llama la atención que una de las decanas del periodismo científico tome una decisión tan drástica basada en un solo estudio sociológico reciente (resalto lo de sociológico ya que no es una ciencia exacta y lo de reciente por tratarse de algo que merece ser confrontado con otros estudios) que sugiere, es decir propone una posibilidad entre muchas.

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Pero lo más llamativo es que este trabajo  (para el cual no se encuentra ningún enlace en la página de Popular Science) sea el principal argumento…teniendo en cuenta que se trata de una investigación que se centra pura y exclusivamente en la repercusión de los comentarios en artículos relacionados con el medio ambiente tal y como se puede leer en las conclusiones: “Estos resultados no hacen sino resaltar los factores que influyen en el liderazgo opinión sobre la promoción de conductas ambientales”.

Más adelante LaBarre utiliza la regla de tres y asegura que “si los comentarios redefinen la opinión pública, esta delinea las políticas públicas, que a su vez deciden qué investigaciones financiar, se empieza a comprender porqué decidimos cerrar los comentarios”. Esta afirmación la hace basándose en la siguiente cita: “Aquellos expuestos a comentarios groseros tienen una comprensión mucho más polarizada de los riesgos inherentes a la tecnología”, parte de un editorial que firman dos de los cuatro autores del estudio y que fue publicado en el New York Times, artículo que tiene más de 400 comentarios…

El problema es el “mucho más polarizado” del editorial. De acuerdo con el estudio el efecto de polarización solo ocurre cuando los comentarios groseros eran leídos por gente muy religiosa y en ese caso la percepción de riesgos aumentaba entre un 1 y un 2%. Una cifra que no coincide con el “mucho más polarizado” y que LaBarre y los firmantes del editorial en el New York Times decidieron ignorar.

En la revista Quo recibimos a menudo comentarios de spam o directamente trolls que se dedican a lo suyo. Pero esto no impide que la mayoría de los lectores planteen dudas, colaboren con nuevas visiones y terminen enriqueciendo el trabajo del periodista. Plantearse que la sección de comentarios influye decisivamente en la opinión pública y culmina en determinar en qué se investiga es un salto cuántico tan amplio como afirmar que las cartas al director de un periódico pueden determinar el resultado de unas elecciones.

Finalmente no creo que el debate deba centrarse en si es necesaria una sección de comentarios en una publicación. Cada medio hará lo que considere necesario. Lo que me parece polémico es que se haga bajo la excusa de un trabajo científico que habla de un sector puntual y cuyas cifras son, lo menos, cuestionables.

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2 pensamientos en ““Los comentarios son malos para la ciencia”.

  1. Aitor

    Desde que internet llegó a la gran mayoría de usuarios, se ha convertido en un gran estadio donde estamos algunos dando opiniones, divulgando, colaborando, etc y donde la grada (una gran cantidad de gente) te observa y…de vez en cuando salta al ruedo a colaborar, insultar, trolear, etc, etc. Que quieres que te diga, la solución es la censura ?. A mí me parece que no y la experiencia de mas de 12 años en foros de todo tipo me dice que, en general, la gente es inteligente y suele colaborar (incluso te llegan a felicitar en determinadas ocasiones) y SOLO una minoría se dedica a molestar.

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  2. Pingback: ¿Qué está ocurriendo en Twitter? | DavidJGB

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