Archivo del Autor: Juan Scaliter

Acerca de Juan Scaliter

Cuando la ciencia estimula nuestra percepción de la realidad y logra, de algún modo, llevarnos de la sorpresa a la emoción. Porque así como el corazón necesita sangre, y los pulmones aire, el cerebro necesita cambio.

La carne de la discordia

Vaya humareda que levantó el ya famoso artículo de la carne. Por ello vale aclarar algunos datos.
El trabajo, realizado por 22 expertos de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer  (IARC por sus siglas en inglés), evaluó 800 estudios epidemiológicos en diferentes países, de varios continentes, con diversas etnias y dietas que analizaban la asociación del cáncer con el consumo de carne roja ( que incluye la carne picada o congelada) o carne procesada (salazón, curada, fermentada, ahumada o cualquier otro proceso que aumente su sabor o mejore la conservación).
La mayoría de los datos tenían que ver con el cáncer colorrectal, en cambio no se pueden dar datos concluyentes sobre el cáncer de estómago o de páncreas. Respecto al primer tipo de cáncer, las conclusiones publicadas en Lancet mencionan que “ de los 15 estudios de casos y controles informativos considerados, siete reportaron asociaciones positivas de cáncer colorrectal entre quienes consumían mucha o poca carne roja”. ¿Cuánto es mucho? Más de 200 gramos diarios ya comenzarían a producir efectos nocivos, según se puede ver en el informe. Es decir, habría que comer seis kilos de carne roja mensualmente para que exista un riesgo. ¿Cuánto se consume en España? 163 gramos diarios, entre carne roja (70 gramos), de ave (47 gramos) y procesada, preparada o casquería, según los últimos datos.
Siendo aún más específicos, el estudio señala que el riesgo de cáncer colorrectal aumenta un 18% por cada 50 gramos de carne procesada diaria y un 17% por cada 100 gramos de carne roja, también diaria. Pero hay que coger estas cifras con pinzas, cada persona es diferente y existen muchos factores distintos que pueden afectar online casino a cada uno. Y otro detalle más. Los porcentajes antes mencionados están muy cerca del 19% que la OMS atribuye al número de cánceres gastrointestinales relacionados con la falta de fibra en la dieta habitual. El estudio en ningún momento aborda un posible vínculo entre la alta ingesta de carne y la baja en fibras.
La IARC ha clasificado a la carne roja en el grupo A2 de agentes cancerígenos: aquellos que muestran una evidencia limitada de su efecto en humanos, pero suficiente en experimentos con animales. En este grupo se incluyen, por ejemplo, la radiación ultravioleta (A,B y C), las emisiones producidas por freír a altas temperaturas, las emisiones producidas por la combustión de biomasa en el hogar o las profesiones de peluquero y barbero (por el uso y exposición a ciertos productos químicos).

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La carne procesada, en cambio, tendrían un riesgo más alto. Y estaría en el grupo A1 (muestran evidencia suficiente en humanos) . Que incluye fumar, beber agua con arsénico, las bebidas alcohólicas y los rayos Gamma y X. Pero esto no quiere decir que comerse una butifarra sea tan dañino como pedirse una botella de agua mineral con una piedra de arsénico o que beber una cerveza sea igual de perjudicial que bañarse en rayos X. La inclusión en ese mismo grupo habla de cuan fuerte es la evidencia de que esa sustancia pueda producir cáncer. No que lo hagan en la misma proporción.
En síntesis, para que exista un riesgo, al menos en la población española, deberíamos consumir tres veces más carne roja y/o el doble de procesada diariamente para llegar a las cifras de riesgo que menciona el estudio.

Aquí la IARC ha publicado una lista de preguntas frecuentes relacionadas al tema.

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Prótesis de cine

En el mundo hay cerca de 2 millones de niños sin brazos. Algunos utilizan un brazo biónico, menos aún tienen apenas un gancho. Pero la mayoría no tienen acceso a una tecnología que les permita recuperar esa independencia. Una compañía formada por especialistas muy jóvenes,  Open Bionics ha creado unas prótesis de brazos para esos niños.A partir de impresoras 3D producen brazos inspirados en Iron Man, Frozen o La Guerra de las Galaxias. Se comenzarán a vender el año que viene por unos 400 euros.

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Pero lo mejor no es eso, sino el impacto que tiene en la vida de los niños. De acuerdo con Samantha Payne, una de las creadoras del proyecto, “el poder de estas prótesis es que la percepción de la gente es completamente diferente. Ya no le preguntan a los niños cómo perdieron el brazo, sino dónde consiguieron ese tan chulo, cómo funciona… La percepción ha dado un giro de 180º y lo que antes era su debilidad, ahora es su mayor fortaleza”. Para obtener más información, visite el sitio de Austria casino bonus.prosthetic-hand-disney-heroes-open-bionics-3

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El niño que no quería construir una bomba

El lunes pasado Ahmed Mohamed, un niño de 14 años nacido en el estado de Texas, Estados Unidos, llegó al colegio con un proyecto en el que había trabajado todo el fin de semana. Su único propósito era despertar la admiración de sus profesores: había construido un reloj alarma con piezas de descarte de otros aparatos.Pero en lugar de la admiración, se encontró en la cárcel, interrogado por cinco policías y acusado de construir una bomba falsa.

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En total tres profesores de la escuela MacArthur High School completaron informes acusándole de construir un artefacto explosivo. En el relato de la policía se especifica que el menor  “mantenía que se trataba de un reloj y no daba mayores explicaciones”.
Hoy, jueves, por fin podrá regresar a clases ya que estuvo suspendido durante tres días, una medida que también debería afectar a los tres profesores para que, en ese lapso, piensen las diferencias entre un reloj hecho con circuitos y rodeado por una carcasa con forma de tigre, y una bomba.
La repercusión fue tan grande que hasta el propio presidente Obama, desde su cuenta de Twitter, lo invitó a la Casa Blanca.

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¿Hubiera sido lo mismo si en lugar de Ahmed Mohamed, el niño se hubiera llamado supongamos, Taylor Wilson, bastante más anglosajón? Pues no. Primero ya existen al menos 7 casos de niños que llevaron relojes de autoría propia a su colegio y no fueron arrestados o castigados. Ninguno se llamaba Mohamed. Y segundo, Taylor Wilson existe y desde los 12 años, en 2010, juega con fusión y va a buscar uranio con su padre. El, ya no tan pequeño Taylor, explotó varias veces el garaje de su casa pero en lugar de ser castigado por las instituciones se lo erigió en un mito y hasta se ha escrito un libro sobre su vida.
Aunque lo que le sucedió a Ahmed es un hecho aislado (esperemos) y probablemente sea fruto del 11S, en 2001, podría fácilmente haberse convertido en una práctica que hubiera relacionado cualquier desarrollo realizado por una persona con un nombre con connotaciones más o menos musulmanas, con intenciones terroristas. Y nos hubiéramos privado de grandes avances desde aquel año. Ejemplos hay muchos. En 2013, una joven de 18 años, Eesha Khare, creó un cargador de baterías que tardaba apenas 20 segundos en completar una carga y por el que compañías como Google se mostraron muy interesadas.
El phablet, la mezcla de smartphone y tablet, fue desarrollado por el jefe de tecnología de Samsung, Omar Khan, en 2010. En 2005 Jawed Karim se convirtió en un pionero en la web al idear un sistema para subir vídeos…y co-fundar YouTube.
Más ejemplos, la física egipcia Aisha Mustafa desarrolló a los 19 años un método para propulsar naves espaciales mucho más eficiente y rápido que los conocidos hasta el momento.
La producción de nanotubos de carbono no sería tan mentada de no ser por el fundador de  la nanotecnología electroquímica: el iraní Ali Eftekhari. Y la lista sigue…

En 1559 Taqi al-Din, un matemático turco que escribió unos 90 libros sobre diferentes ramas de la ciencia, diseñó un reloj astronómico con alarma, 456 años después un niño de 14 años es encarcelado por hacer algo similar. El problema no es tanto los prejuicios o los miedos que llevaron a ese desenlace. El verdadero obstáculo es que quienes deben estimular la curiosidad, la inventiva y la imaginación de los más jóvenes no solo se puedan dejar llevar por prejuicios ocasionalmente, sino que no tengan la capacidad y los conocimientos para distinguir un invento inofensivo de uno peligroso. Y ni siquiera se tomen la molestia de hacerlo o admitirlo.

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